Las flores de Bach en la educación canina

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La terapia con flores de Bach tiene su origen en la década de 1930. Edward Bach era un doctor con una formación consolidada y además albergaba un conocimiento profundo del mundo espiritual, él supo combinar ambas vertientes en un sistema de sanación holístico. Hizo una división por grupos de las diferentes flores y esencias que se utilizan en su sistema terapéutico, en función de las emociones y tipos de expresión de los seres.

Por Mariano Dalmasso, educador y adiestrador canino en positivo del Centro integral de educación canina (SAFIRA).

Las “flores de Bach”: un tratamiento natural, energético y muy efectivo a la hora de contribuir a la recuperación de diferentes estados de desequilibrio en los animales; y en este caso en particular, en los perros. Aunque ya desde hace tiempo se

vienen utilizando estos tratamientos en humanos, hay una corriente que se desarrolla con fuerza en la aplicación de las esencias en los perros.

 

Estos desequilibrios, generalmente, tienen su origen en una perturbación a nivel emocional que luego, se manifiesta como síntomas de una enfermedad o problema de comportamiento. A través de la energía vibracional de las esencias florales se busca esa restauración del estado integral de salud en los cuerpos sutiles de los seres vivos.

 

Estas terapias son muy bien recibidas por los perros, además les ayuda a avanzar en los trabajos de modificación de conducta, como son la ansiedad por separación, los miedos y fobias, la agresión, etc. Ya que el perro se encuentra más relajado, con menos ansiedad y como consecuencia, más predispuesto para el aprendizaje de nuevas conductas, por lo que podremos realizar un adiestramiento más eficaz y efectivo.

 

Una de las situaciones de comportamiento más habitual que atraviesa el perro en estos tiempos es la adaptación al cambio, partiendo de la base de que muy pocas veces todos los cachorros se quedarán a vivir hasta edad avanzada con su madre, éste

deberá ser el primer cambio al que deban enfrentarse desde

muy pequeños.

Además, al vivir en nuestra sociedad, posiblemente serán adoptados o comprados, provocando nuevos cambios en su entorno otra vez, sumándole alguna mudanza de la familia durante su vida, si es que tiene el privilegio de estar toda su vida con la misma familia y no cambia de personas alguna vez más… eso nos da como resultado una amplia cantidad de modificaciones a las que deberá adaptarse, de las cuales ninguna, me atrevería a decir, se consulta con ellos. Con lo cual, ese individuo tiene que desarrollar un alto grado de adaptación y no siempre las emociones son manejadas de la manera más adecuada por las personas; que aunque deseamos lo mejor para los animales, no siempre lo gestionamos bien.

 

Otra señal clara de que algo está en desequilibrio es el alto nivel de estrés en el animal; y este estado se puede manifestar conjuntado con ansiedad, nerviosismo o efusividad exagerada ante algunos estímulos, como pueden ser las visitas en el hogar, otros animales, o un juguete privilegiado, por ejemplo. Además, existe una característica muy mencionada en el mundo animal y es la agresividad. Quisiéramos aclarar sobre este punto que el “estar agresivo” es una respuesta puntual sobre algún estimulo externo, que luego puede transformarse en una conducta aprendida y ser algo habitual, pero un perro no es agresivo por naturaleza. La agresividad siempre tiene una causa que la provoca, y es ahí donde podemos incidir, observando la situación, para determinar cuál es su origen. Y a partir de un acompañamiento continuado y el respeto por la situación particular de todos los miembros de la familia, se puede trabajar con un tratamiento floral que nos otorgue el bienestar que buscamos.