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Updated: Dec 4, 2020

Por Lorena Díez Pereira

El lamido es un patrón de conducta que aparece en los cachorros neonatos para encontrar el pezón y alimentarse. Más adelante, los cachorros lamen la boca de la madre para estimular la regurgitación y alimentarse con comida semisólida.

Este lamido que aparece tras el nacimiento de forma instintiva, en los perros adultos se mantiene como una señal afiliativa. Los comportamientos afiliativos son todas aquellas conductas que realizan los individuos de un grupo para cohesionarse y permanecer unidos, lo que les garantizará mayores posibilidades de supervivencia. Algunos ejemplos de conducta afiliativa son el acicalamiento, el juego que permite el desarrollo de habilidades para la caza, la defensa del territorio, el cuidado de los cachorros y cualquier otro patrón de conducta que sirva para reforzar los vínculos dentro del grupo, y, por tanto, asegurar la supervivencia del mismo.

El lamido como señal afiliativa en los perros se expresa en situaciones como el acicalamiento, el comportamiento maternal o el cortejo sexual.

Además, y no menos importante, el lamido es también una señal de apaciguamiento. Los perros pueden lamer a otro perro o lamerse su nariz como gesto de pacificación.

Y para complicarlo aún más, el lamido puede ser un signo de estrés. La línea entre el apaciguamiento y el estrés es difícil de reconocer para quienes no son profesionales del comportamiento canino. Los perros tienen un lenguaje de comunicación muy rico, no hablan pero una simple señal como el lamido puede significar muchas cosas.


¿Qué nos quieren comunicar nuestros perros cuando nos lamen?

Lo hacen porque somos parte de su grupo social y es una conducta afiliativa hacia nosotros.

• Nos pueden lamer para pedir una interacción con nosotros. Es curioso pero les encanta lamer nuestra cara, vestigio de la conducta de lamido de la cara de la madre con la que le reclamaba que les alimentara o les prestara atención.

• También nos suelen lamer como conducta de acicalamiento, tal y como hacen entre ellos. Si tienes más de un perro, has podido comprobar que se lamen entre ellos de forma cuidadosa, para reforzar su vínculo.

• Otra circunstancia en la que pueden lamernos es tras un conflicto negativo, en tal caso lo hacen como gesto de apaciguamiento para reducir nuestro enfado.

• Algunos perros manifiestan esta conducta de forma excesiva y repetitiva hacia sus propietarios, otros animales, ellos mismos o incluso objetos. En estos casos el lamido puede ser un signo clínico de algunos problemas de conducta y requiere la evaluación de un profesional del comportamiento canino.


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Updated: Dec 4, 2020


Educar a mi perro

Seguramente la mayoría responderíais diciendo que con el collar el perro tira menos. Nada más lejos de la realidad: con el arnés el perro tira menos precisamente porque va más cómodo. Bien distinto es que tu perro no esté educado para caminar de manera ordenada en el paseo, pero eso es tema para otro artículo.

Por Rosana Álvarez.

Bajo mi punto de vista, el collar debería ser un elemento de vestuario, de diseño, es decir, algo bonito y elegante que quieres colocarle a tu perro para que esté guapo y le siente bien, pero no para engancharlo a una correa durante el paseo. A no ser que tu perro esté educado para pasear tranquilamente, en cuyo caso podría servir. Pero ¿puedes asegurar que tu perro nunca va a tirar accidentalmente si se encuentra a otro perro, persona, gato, moto, etc.? Si no lo puedes asegurar sigue leyendo.

Hay dos motivos por los que el collar puede ser un elemento negativo:

Daño físico. El collar se sitúa en una región corporal, el cuello, por donde pasan y se encuentran alojadas una serie de estructuras muy importantes para el organismo que si se lesionan pueden causar consecuencias negativas, entre ellas el dolor: glándula tiroides, vasos sanguíneos, nervios, huesos de la columna cervical, tráquea, esófago, médula espinal, laringe.

Algunos posibles efectos negativos serían dolor y contracturas, pinzamientos, afecciones neurológicas, afecciones del tiroides, dificultades en la respiración y efectos sobre el riego sanguíneo, etc.

Daño conductual. Los efectos físicos negativos del uso del collar y de su manejo (tirones, tensión constante, efecto perro yoyó, tirones cuando se ve un perro, persona u otro estímulo) hacen que el perro asocie constantemente en su entorno este daño con los mencionados estímulos mediante condicionamiento clásico. Esto conducirá a situaciones como un perro que no quiere que le coloques el collar para salir o perros que empiezan a reaccionar ante la presentación de esos estímulos durante el paseo. Además, la forma de colocación del collar (si lo introduces por la cabeza) representa un movimiento amenazante para el perro.

Y el arnés ¿soluciona todos los problemas? La respuesta es que sí es mucho más ventajoso que el collar y mucho menos perjudicial, pero siempre bajo tres máximas:

• Elegir el arnés adecuado a tu que no le cause daños físicos.

• Saber colocarlo de la manera correcta.

• Enseñar a nuestro perro a no tirar de la correa mediante refuerzo positivo.

¿Y cuál es el arnés adecuado?

El arnés de por sí es más cómodo que el collar para pasear, ya que si el perro tira, el daño físico y conductual es mucho menor, por las estructuras que están implicadas.

Como características principales puedo mencionar las siguientes:

• El material debe ser suave, o bien acolchado, para que no roce en las zonas de fricción (pecho, axilas)

• No debe comprometer el libre movimiento de los miembros anteriores o torácicos (las patas delanteras deben moverse libremente y el perro debe poder andar, trotar y correr sin roce ni impedimento)

• No debe situarse inmediatamente detrás de los codos, para que no roce constantemente en las axilas.

• La anilla de colocación de la correa debe ser trasera para que la tracción se reparta en todo el pecho.

• Si en vez de cinta el material utilizado es más amplio, éste debe ser transpirable.

• La parte delantera debe caer sobre el pecho (esternón), no sobre el cuello.

• Es preferible si se coloca por la cabeza que a través de las patas, ya que los perros suelen ser más sensibles a ser tocados en ellas. Pero puede que para perros miedosos resulte mejor el segundo, debido al movimiento amenazante de colocación por encima de la cabeza.

En cuanto a la forma correcta de colocar el arnés, no debe hacerse desde delante y agachándose hacia su cabeza, ya que este movimiento resulta amenazante en su lenguaje corporal. Si además de eso le agarramos las patas, mucho peor. Y si además el perro salta lo convertimos en un despropósito. Lo siguiente es estar por toda la casa persiguiendo al perro.

La forma correcta sería situándose la persona de lado al perro y a su misma altura e introduciendo el arnés por la cabeza de abajo a arriba, dándole una recompensa conforme lo introducimos y lo ajustamos.

¿Y qué pasa con los arneses anti tiro? Bueno, no son una opción ideal porque también pueden causar daños en la tracción, aunque hablando de ellos, y si es necesario usarlos, son mejores aquellos que llevan una argolla en el pecho que los dogales o ronzales que se colocan en el hocico. Estos últimos pueden causar daños cervicales si no se usan con asesoramiento.

Como conclusión, creo que es mejor el uso de un arnés que del collar, por la comodidad que producen en el perro que lo lleva y por las menores aversiones creadas con el entorno. Si aún así quieres utilizar collar:

• Que no sea de cadena.

• Que no sea estrangulador.

• Que no sea de pinchos.

• Que no sea de descargas eléctricas.

• Que sea lo más ancho posible.

• Que la correa vaya floja durante el paseo.

• Que no se proporcionen tirones a no ser que sea estrictamente necesario.

Una vez que hemos elegido el arnés o el collar, ¿cómo manejamos al perro en el paseo? La forma en que manejas la correa de tu perro tiene más importancia de la que crees. Te sorprenderías si supieras la cantidad de asociaciones negativas que el perro establece mientras la lleva puesta y pasea. Asociaciones que más tarde pueden dar lugar a problemas de conducta que se pueden evitar con un manejo correcto y positivo.

Todo comienza en el momento en que colocas a tu perro el collar y la correa. Si estamos tratando con un cachorro es un elemento desconocido que colocas en su cuerpo. Si de lo que se trata es de un individuo adulto puede tener adquiridos algunos hábitos incorrectos. En cualquier caso, tanto la herramienta en sí (collar, arnés, correa corta, correa larga), como la forma de colocarla y de usarla, tienen repercusiones en el comportamiento del perro y en cómo percibirá su entorno mientras la lleva puesta.

Debemos asumir que llevar a un perro sujeto es obligatorio en nuestra sociedad. Partiendo de ahí, ¿por qué no hacer que nuestro perro vaya lo más cómodo posible en su paseo y que éste sea agradable para él y para nosotros? De esta manera se facilita y se potencia el vínculo del perro con el propietario, la confianza entre ellos.

¿Sabes qué es el condicionamiento clásico? Es una forma de aprendizaje que establece una asociación entre dos estímulos, uno que previamente no significaba nada para el animal y otro que sí tiene un significado muy poderoso, biológicamente importante y además involuntario, es decir, que el animal no lo controla. Cuando se presentan uno tras otro (los dos estímulos) se asocian, pasando el estímulo que no tenía significado a tenerlo. Este nuevo significado que adquiere el estímulo que antes era neutro, podrá ser positivo o negativo, dependiendo de cuál sea el otro estímulo con el que se ha asociado.

Fíjate que estas asociaciones están ocurriendo constantemente en la vida del animal. Es una forma esencial de aprender a sobrevivir. Así el perro aprende a anticiparse a distintos eventos y con distintas emociones: el veterinario, la hora de la comida, quedarse solo en casa y muchos ejemplos más, incluido el del paseo.

Si el equipo de paseo se ve asociado en algún momento a un estímulo desagradable (tales pueden ser ahogo, incomodidad, tensión, tirón, colocación amenazante) el perro no solo va a percibir la correa como un elemento negativo, sino que todo lo que esté pasando a su alrededor en ese momento puede asociarse también: el propietario, el sitio (por ejemplo el parque), personas que pasan por allí, un niño, un perro con el que te has parado, etc. Si la emoción del perro en ese momento es positiva tendrá una percepción agradable de cualquier cosa que le rodea, por el contrario si es negativa todo lo asociará con esta emoción, pudiendo esto conllevar más adelante reacciones de miedo y/o agresividad.

El manejo incorrecto de la correa es una de las causas de que un perro sea reactivo cuando pasea.

Y para que esto no le ocurra a tu perro, o le ocurra lo menos posible, te voy a dar unos consejos:

• Observa siempre el lenguaje corporal de tu perro: si se agacha, baja la cabeza, echa las orejas hacia atrás, mete el rabo entre las piernas, gruñe, huye, se pone tenso, desvía la mirada, la cara o el cuerpo, no viene cuando le quieres poner la correa, da por hecho que algo no le está gustando, no está cómodo, le molesta, le duele, todas ellas emociones negativas. Intenta empezar de cero, establece asociaciones positivas con todo lo que tiene que ver con el collar y la correa y el momento de ponérselos o el paseo. Esto se hace con comida, juego y/o caricias y un tono de voz agradable y alegre.

• Usa siempre mejor arnés que collar y correa larga en vez de corta y deja a tu perro moverse libremente y olfatear en el paseo.

• Cuando le coloques la correa o el arnés, hazlo siempre en una postura no amenazante para él: mejor agachado que de pie, mejor de lado que de frente, sin mirar fijamente a los ojos, sin gritar ni manipularlo bruscamente. Además, procura asociar este momento con palabras agradables, algún juguete, caricias y/o comida.

• Una vez colocado todo y durante el paseo ve hablándole de manera agradable, jugando y/o dándole comida, lo que más le guste.

• Si ves algún perro acercarse o personas y no quieres que tu perro se encuentre con ellos por cualquier motivo, no des tirones ni regañes a tu perro. Si haces esto comenzarán las asociaciones negativas y tu perro podrá más adelante comenzar a reaccionar negativamente anticipándose al encuentro con perros o personas. Es mejor llamar a tu perro con comida o juego y darte la vuelta o cruzar de acera.

• Si te acercas o te cruzas con un perro o persona, asegúrate de que tu perro se va a llevar una buena impresión: prémialo durante el encuentro y procura que éste no dure mucho, por si el otro perro o la persona pueda establecer una comunicación negativa con el tuyo, como por ejemplo montarse encima o querer tocarlo.

Por supuesto esto no es fácil de hacer, sobre todo porque uno no puede controlar todo lo que sucede a su alrededor, ni tampoco a las otras personas (las que llevan y las que no llevan perro). Pero seguro que puedes intentar hacerlo lo mejor posible y esperamos que esta artículo te sirva como herramienta.

Como siempre, para saber más o asesorarte más concretamente sobre tu caso particular, deberás consultar a tu etólogo veterinario.

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Updated: Dec 4, 2020

Los beneficios terapéuticos y de salud que se obtienen al establecer un vínculo con un animal están ampliamente documentados. Alivian la soledad, reducen el estrés, fomentan los hábitos saludables a través del ejercicio y juego, promueven la interacción social y son fuente de afecto. El cuidar de un animal puede ayudar a vivir más años.

El vínculo es una interacción afectiva especial y duradera con un individuo único, no intercambiable con otro. Si bien sabemos que este vínculo podemos establecerlo con cualquier animal: gato, pez, cobaya, caballo…, es el perro con quien establecemos relaciones afectivas más intensas. En los perros se ha observado que poseen la capacidad de establecer un fuerte vínculo afectivo con el hombre; similar o, en ocasiones, mayor que con sus coespecíficos.

Esto es debido a que el perro fue el primer animal domesticado por el hombre hace ya 14.000 años. La interacción y coordinación con los humanos a lo largo de la historia le han otorgado la capacidad de entender el lenguaje humano como ninguna otra mascota puede hacerlo.

Los primeros indicios de este vínculo se descubren en 1976, al encontrar un esqueleto humano de aproximadamente doce mil años y, con él, el esqueleto de un cachorro, lo cual hizo pensar que entre éstos existía una relación afectiva y no alimenticia (Davis &Valle, 1978).

Los niños que establecen un vínculo afectivo con un perro obtienen beneficios cognitivos, físicos y psicológicos de esta interacción. Este vínculo tiene que generarse bajo unas premisas de respeto, por ello es importante educar a ambas partes para que se comporten adecuadamente entre sí. El perro como animal social debe aceptar y aprender a relacionarse con un bebé o un niño, debe a aprender a reaccionar frente a los lloros del bebé, debe habituarse a los movimientos y sonidos del bebé o niño, debe aprender a tolerar las manipulaciones que los niños realizan y que son muy diferentes a las de los adultos, debe aprender a moverse con cuidado cerca del bebé o niño.

Por ello, en los inicios de esta relación, siempre hay que supervisar y dirigir los comportamientos del perro hacia el niño y viceversa. Hasta que el niño no sea lo suficientemente mayor para comportarse adecuadamente con el perro, no deje a los niños solos con el perro, esto protegerá tanto al niño como al perro de una situación desagradable. En el momento que ambas partes hayan aprendido a comportarse juntos y se respeten, es decir, el historial de interacciones niño/perro sean positivas y seguras para el niño se sentarán las bases de un vínculo afectivo adecuado.

De forma natural y progresiva dicho vínculo se convierte en la base de una estrecha relación, que aportará numerosas experiencias enriquecedoras en la vida del niño. Los niños que crecen con mascotas no sólo tienen menos riesgo de alergias y asma, sino que también aprenden valores tales como ser responsables, la compasión y la empatía. A diferencia de los padres, los perros no son críticos y no dan órdenes. Ellos siempre son cariñosos y su mera presencia en el hogar puede ayudar a proporcionar una sensación de seguridad en los niños. Tener siempre presente a un perro o, a un gato, por ejemplo, puede ayudar a aliviar la ansiedad de separación en los niños cuando sus padres no están cerca.

La interacción lúdica con un animal es una fuente de calma y relajación, así como también una fuente de estimulación para el cerebro y el cuerpo. El jugar con un perro puede ser incluso una puerta para el aprendizaje de un niño. Puede estimular la imaginación y la curiosidad. El entrenar a un perro para llevar a cabo un comando genera seguridad y eleva la autoestima del niño. Por ejemplo, enseñar al perro un nuevo truco puede mostrar a los niños la importancia de la perseverancia. El tiempo que un niño pasa junto a un amigo de cuatro patas le aporta una inmensa alegría.

Es fundamental tener claro que no todas las personas pueden tener un perro, y que estos no son la cura milagrosa para ningún mal. La tenencia de una mascota va a proporcionar beneficios terapéuticos y mejorar la vida de aquellas personas que aman y aprecian a los perros y los adquieren con conocimiento y responsabilidad. Pero hay personas que no pueden adquirir esa responsabilidad o que por su estilo de vida no es práctico que convivan con una mascota. Hay que tener en cuenta a la hora de incorporar a la familia un nuevo miembro perruno todas las ventajas y todos los inconvenientes que trae consigo, valorarlas y dar o no, el paso.

perros y niños

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